Dicen que nunca es tarde y yo doy fe de ello. Hubo un tiempo
en el que yo vivía encerrada entre las cuatro paredes de un alma, desprovista
de una libertad que anhelé casi desde aquel primer día en el que te conocí. Ni si quiera era consciente de que yo jamás
significaría para esa persona, lo que esa misma llegó a significar para mí poco tiempo después.
Me enamoré incondicionalmente de un alma que por aquel
entonces apenas si suspiraba para intentar vivir un día más. Me encontré un
alma hundida, desorientada, perdida. Su vida se limitaba a despertar por que
había que despertar y volver a dormir a caer la noche. Triste, abatida. Sus ganas
de vivir apenas generaban un esfuerzo porque lo mismo le daba estar aquí que en
el otro mundo, pero había algo más. El
corazón me decía que si conseguía ir descubriendo y apartando capa por capa a aquella alma encontraría a un ser maravilloso.
Su mirada era capaz de decirlo todo sin pronunciar palabra y
que yo supiese ir descifrando aquellos ojos me hacía sentir fuerte y capaz de
desojar aquella rosa negra que pronto comenzaría a brillar.
Fueron tiempos difíciles, largas madrugadas y amaneceres
interminables, ir y venir de momentos inolvidables, algunos desgarradores y
otros llenos de ternura entre dos almas que se habían encontrado para estar
juntas y que sólo la muerte sería capaz de separar. Risas y lágrimas que fueron forjando en sus vidas algo que se grabó para perdurar siempre.
Aquella alma sin aliento comenzó a querer vivir y luchar por
todo aquello que había perdido por culpa de la soledad. Buscó el amor en la
familia, los amigos, comenzó a ver todos esos pequeños detalles que la vida le regalaba, dándose cuenta de que si estaba viva era porque era su momento y entendió que una vez su trayecto de su vida finalizase ya no habría nada más. A partir de aquello, aquel corazón ilusionado de nuevo volvió a latir como si no hubiese un mañana.
Pero todo no iba a ser hermoso…. Mi alma, la otra parte de
la historia, por aquel entonces había llegado a enamorarse de aquel ser tan
maravillosos que había estado descubriendo, de tal manera, que mi vida comenzó
a girar en torno al amor y a la felicidad que aquella sensación me ofrecía. Lo más
triste y doloroso de todo fue que aquel corazón que volvió a ilusionarse con la vida, encontró la esencia del amor en alguien y ese alguien no era yo.
Vivir a su lado toda
aquella historia, fingir que no me importaba nada y tener siempre una sonrisa preparada en mi rostro con la que pudiese agarrarse en sus momentos de tristeza con ese nuevo amor, se convirtió
en lo más hermoso y triste a la vez que he tenido que entregar, nunca antes a nadie, para que esa alma que
yo amaba jamás se marchase de mi lado.
Fue pasando el tiempo
y aquellas batallas interminables entre mi corazón y mi cabeza me atormentaban, tantas lágrimas derramadas a escondidas como suspiros infinitos lanzados al viento... hicieron que llegase el día en el que armarme de valor era la única salida posible a aquel sin sentido cogiendo cada uno de esos sentimientos y arrojándolos al vacío de mi propia alma para luchar contra el olvido e intentar seguir hacia delante sin su recuerdo.
Una batalla que ganó mi cabeza pues entendió que uno no
elige de quien se enamora y que si su felicidad era estar con otra persona, yo no era quién para impedírselo y que tenía que entender y aceptar aquella situación si quería seguir manteniendo en mi vida una amistad que se había forjado, tan
linda como sincera.
Y seguro os preguntaréis: ¿si ganó la cabeza, que pasó con el corazón?. Pues os contestaré que mi corazón se lo encomendé al tiempo
y que poco a poco va comprendiendo y asimilando, que lo que no es para
uno no lo será nunca por mucho que nos empeñemos, y que si algún día tiene que ser, pues él mismo lo dirá.
Gracias a esto, sigo conservando a mi lado a ese alguien que
tanto amé y que si no hubiese sido porque en su momento decidí dejar marchar, hoy por hoy no podría haber llegado a decir, que a pesar del sufrimiento de mi alma aprendí, que de amor nunca se muere, que siempre existe un volver a empezar para cada corazón roto y que al igual que la felicidad no es eterna el dolor tampoco lo es.
Mónica García Torres
Osea el se fue con otra y tu guardas su recuerdo en tu corazón? Te felicito. Lo tuyo es amor. Lo de él es confusión, o una búsqueda egoísta en al que tu no eres parte. Si lo guardas para tener esperanzas, mejor que no lo hagas. Antes de tener esperanzas, mejor luchar, y si esa lucha no logra traerlo de vuelta, es por algo. Debes saber tu cuál es el límite para esa lucha.
ResponderEliminarSi esa persona no sabe nada, no se le puede atribuir el egoísmo. Sin saberlo, está condicionado por su desconocimiento.
ResponderEliminarCallarse el secreto es un verdadero acto de amor,